La primera impresión es la que cuenta: logotipo corporativo

La personalidad de una empresa es un elemento que lo diferencia de otra, por su singularidad y su personalidad. La personalidad corporativa está compuesta de diversos elementos como la misión, los objetivos y las actitudes. Los objetivos de las organizaciones en el pasado, simplemente se basaba en producir y vender. La imagen se consideraba un subproducto, al que no se prestaba atención. Sin embargo en los años 50 Gardner y Levy recalcaron la importancia de la naturaleza psicológica y social de las marcas, y su influencia en la decisión de compra.

De nuevo en los años 90 la imagen de marca vuelve a cobrar protagonismo, junto al diseño web al comprarse en diversos estudios que los consumidores cada vez miraban a quien le compraban un producto, más que el producto en sí, es decir se despliega una serie de apelativos simbólicos asociados a la marca (dimensión simbólica), y que incide en la evaluación que el consumidor hace sobre la propia organización.

La imagen de una organización no solo la representa en su conjunto, sino que también representa sus valores. Esta imagen puede ser ventajosa, si sus consumidores muestran una fidelidad hacia sus productos. La lealtad hacia la marca y la imagen de marca son unos factores que muestran el éxito de la empresa en la sociedad, puesto que ha superado las barreras de un posible cambio del consumidor hacia otro producto de la competencia, ya sea por factores técnicos, económicos, psicológicos o bien porque está satisfecho con el proveedor.

La imagen de empresa ha suscitado diversos estudios centrados en aspectos tangibles y visibles como los logotipos, el diseño y los colores. En este caso, la imagen corporativa se identifica con diseños y elementos visibles elaborados por la empresa, con una finalidad comunicativa de representación, identificación y simbolismo.

La identidad de una empresa es un conjunto de factores, entre los que se encuentra la imagen visual, compuesta a su vez por los símbolos, los iconos, los logotipos y las señales visuales. En este caso, los diseñadores son los encargados de producir una identidad clara para la organización, con la finalidad de conseguir una buena apariencia estética, y una imagen acorde con la esencia que pretende transmitir la empresa.

Un logotipo debe constituirse como la imagen global de la empresa, lo que se refiere al conjunto: imagen comercial, imagen estratégica, imagen estética, e imagen social. La imagen comercial es la imagen que la empresa quiere mostrar hacia el mercado, diferenciándola del resto de la competencia y acorde con la cultura de empresa (sobriedad vs. dinamismo). La imagen estratégica debe ser congruente con la actividad de la compañía, es decir no debe ser muy elegante si el target (público objetivo) no lo es, y no debe ser muy simple si el mercado es más especializado, ya que no dará confianza al consumidor. La imagen estética debe ser acorde con la imagen global que quiere darse, es decir debe evitar las connotaciones negativas, puesto que puede afectar a la estrategia comercial de la organización.

La imagen social es aquella que va en relación con la estrategia comercial de la empresa, es decir con el público al que quiere dirigirse y hacia qué tipo de sectores de la sociedad se encamina su actividad o marca.

El consumidor debe sentirse identificado en todo momento con la empresa a través de un logotipo acorde con la actividad. Lo que busca cualquier empresa es la diferenciación de la competencia, por lo que se debe analizar los elementos gráficos que usa, su composición de colores, la distribución de los elementos y la complejidad o simplicidad de la competencia. Además es importante conocer el target, y tener claro el público al que se trata de dirigir la marca y la actividad de la empresa. La diferenciación de la competencia es un factor clave, ya que si el logotipo corporativo es parecido a otro del mismo sector empresarial, el consumidor puede llegar a confundirlo e incluso puede afectar al número de ventas, contribuyendo a la campaña publicitaria de la competencia.

El logotipo debe ser compatible en todo momento con el nombre de la empresa o la marca. Hacer llamativo el logotipo puede provocar que el nombre sea ilegible, y por tanto debe guardar una relación lógica con el nombre. Por otra parte el logotipo debe evitar la saturación en su formato, se debe optar en todo momento por la simplicidad y la facilidad a la hora de identificación.
Otro de los aspectos que hay que cuidar en todo momento, es el diseño de las diferentes versiones que se vayan a explotar del logotipo corporativo:

  • A todo color en publicidad, multimedia, Internet
  • 2 ó 3 colores: Folletos
  • 2 colores: volantes, imanes
  • Escala de grises: periódicos, impresiones en una tinta
  • Blanco y negro: fax, grabados

Imagen: version retro